En esta entretenida historia, llena de drama, risas y experiencias, Gabriel Masfurroll nos hace un recorrido por los momentos más relevantes de su vida y nos cuenta qué considera él que es lo fabuloso de la misma.
Esta autobiografía se presenta como una nueva apuesta, ya que las referencias no son enteramente positivas, sino que se nos presenta un personaje más real e identificable con los lectores. Abarca sentimientos como el arrepentimiento, exponiendo en qué cree que se equivocó a lo largo de su vida.
El libro tiene un toque mágico al agregar fotos representativas al final. A mi parecer, esta es una apuesta magistral, ya que se genera una sensación emocionante después de haber imaginado cómo sería cada uno de los personajes y se convierte en una sorpresa al compararlos con la realidad.
Gracias a una narrativa llamativa, en la que pareciera que se nos cuenta un cuento al lado de una fogata, y donde varias de las representaciones hacen que los lectores nos sintamos identificados, el autor nos brinda algo de esperanza acerca del sacrificio y las recompensas que nos traerá la vida. Esto nos genera el deseo de luchar por nuestros mayores anhelos a pesar de los obstáculos que se nos presentan.
Se nos muestra la vida en la época de la posguerra, pero no contada desde la perspectiva de un historiador, sino con los ojos de un pequeño niño que busca su camino, junto con la magia del amor y la importancia del mismo.
De igual manera, contamos con momentos bastante melancólicos, como es la historia de Álex (uno de los hijos del autor). Es una historia que nos enseña a luchar. En especial, en estas partes se nos muestra que, más allá del tiempo, son los momentos y la pureza de los seres que conocemos a lo largo de nuestra existencia lo que realmente vale la pena.
Tengo que confesar que uno de mis capítulos favoritos es "Carta a Álex". Me generó una conexión profunda sin necesariamente tener una historia similar.
El libro está escrito de tal forma que va dirigido a los lectores que busquen entretenimiento. Es ameno de llevar y no complica con términos complejos. Pese a que el autor es español, es sencillo entender las jergas típicas de su cultura.
Ciertamente el libro fue de mi agrado, pero hubo momentos en los que sentí que se nos exige una imagen totalmente positiva de la vida.

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