Varios autores relatan en sus escritos el problema del "Estado fallido colombiano" y la solución propuesta en 1998. Entre ellos, el ex embajador en Washington, Julio Sánchez Cristo, lo aplica para la óptica nacional e internacional. Para él, el Plan Colombia es el encargado de sentar las bases legitimadoras para el Gobierno de este país. A su vez, agrega que este proceso no habría sido posible sin el apoyo de Estados Unidos, logrando así asentar las raíces de la relación actualmente existente entre los dos países. Este último punto acerca de la relación simbiótica entre Colombia y Estados Unidos es retomado en el libro de Palacios, pero el autor toma distancia del concepto positivo que la mayoría de los autores tienen sobre el Plan Colombia.
Aunque Palacios tiene una visión diferente del Plan Colombia, su objetivo es mostrar el déficit de legitimidad y la falta de soberanía territorial del Gobierno colombiano. También pretende mostrar que la aparición de grupos subversivos es la respuesta que da la sociedad a la no conformación de un Estado-nación por parte de las élites colombianas, y cómo el conflicto se ha reorganizado de acuerdo a la aparición de los grupos y cómo cada uno de estos surge en respuesta a una dinámica política colombiana en particular.
Toma como base central para su planteamiento una línea temporal del comienzo de los grupos guerrilleros, cómo se da el nexo con el narcotráfico y, posteriormente, con algunas coaliciones militares separadas del Estado. Para dar cuenta de todo lo mencionado, el autor expone cada una de las dinámicas sociales que marcan la creación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC): cuál es el deseo y la tradición del movimiento, cómo sus ideas están basadas en muchos aspectos en el estudio leninista de Marx, cómo es visto internacionalmente y cómo se origina el nexo con las drogas y el narcotráfico. A su vez, nos permite ver cómo muchos de los narcos son considerados "Robin Hoods" en sus ciudades de origen, como es el caso de Pablo Escobar en Medellín.
Nos instruye acerca del bipartidismo constante en el Gobierno colombiano hasta la aparición del M-19 y la finalización del mismo. Da cuenta del paramilitarismo y demás grupos insurgentes que marcan una dinámica diferente en el actual conflicto, siendo este el enlace que nos permite entender por qué el conflicto se evidencia de forma diferente en las zonas urbanas y rurales de Colombia, y el porqué de la existencia de consenso político para el paramilitarismo en algunas zonas del país. Lo narrado en el párrafo anterior es uno de los mayores logros del autor al poder destacar cómo este conflicto es sumamente complejo y por qué se ha mantenido durante cien años, dando la pauta de estudio para entender cómo funciona la dinámica interna de cada uno de los grupos, aceptando la falta de información proveniente de estos mismos.
En referencia a lo anterior, Palacios, en este libro, toma a México como ejemplo de la batalla antidrogas y expone que la legitimidad del Gobierno mexicano es la que le permite un mejor desarrollo en este asunto, pero que Colombia aún tiene mucho que enseñarle a este país en temas de narcotráfico. Las distintas reacomodaciones y las nuevas ideas de transporte de drogas generadas por los narcos colombianos muestran la complejidad de la batalla antidrogas para este Estado.
Otro aporte significativo es la historia del narcotráfico y cómo se suma al conflicto, siendo en principio aliado de las guerrillas, para pasar luego a ser un frente y la base sobre la cual se sustenta el consenso y la hegemonía del Gobierno colombiano, ya que será puesto como el principal enemigo de este país en los últimos años.
A su vez, la baja complejidad en su léxico nos permite darnos cuenta de que este libro no estaba orientado solo al público académico y que su metodología está enfocada a los aportes cualitativos. Si bien aparecen censos y cuadros en los anexos que nos permiten determinar las cifras, esta no es la base de su exposición teórica, la cual está orientada a un análisis discursivo, lineal y en algún sentido pedagógico, sin dejar de tener una tradición histórica. Es una discusión abierta con autores colombianos que toman el conflicto con pinzas por lo actual y sensible del tema, siendo una fuerte jugada a la susceptibilidad de las víctimas.
Podemos de igual manera dilucidar el apego del autor por algunas de las políticas de izquierda, lo que nos deja ver el porqué del sentido crítico con el que explica la participación del Gobierno. Debido a que Palacios enuncia hacia el final del texto que son las élites económicas colombianas las mayormente beneficiadas con el conflicto, puesto que marca su mantención indefinida en el poder, gracias al terror originado por la violencia, al pragmatismo y a la adaptabilidad a las políticas estadounidenses.
También nos permite ver cómo la poca visibilidad que se le da al conflicto en los sectores urbanos del país, junto con una sociedad supremamente individualista y desorganizada, marcan la división tajante existente entre los sectores de la sociedad colombiana.
Si bien este libro está orientado a un público no académico, su enfoque está basado en lectores colombianos, dada la falta de explicación acerca de la división regional existente en el país. En esta medida, sería pertinente que se adjuntara en un anexo un mapa de Colombia dividido por regiones de acuerdo a la presencia de cada uno de los grupos guerrilleros, del narcotráfico y los sectores militares en cada una de estas. Con este mapa sería de mayor comprensión para el público extranjero el porqué de la diferencia de idiosincrasia marca puntos diferentes en el conflicto y su reorganización a lo largo de los años.
Aunque en las primeras hojas del escrito realiza un glosario con el significado de las abreviaciones utilizadas, en algunos de los casos (los mayormente nombrados) da por sentado que el lector sabe perfectamente de qué grupo está hablando, lo que genera complejidad al libro.
Me arriesgaría a afirmar que es una mirada más orientada a preguntarse el porqué del conflicto y no por el desarrollo de este. Al dejar de lado la sensibilidad social y hacer lo que el mismo llama una "mirada de vuelo de pájaro", puede realizar un relato crítico exponiendo las debilidades del Gobierno colombiano, como los problemas de egos y el vaivén de los gobiernos junto con jefes guerrilleros en pos del diálogo y aquellos que plantean la aniquilación del uno por el otro. Esto da como resultado los distintos procesos de paz fallidos, en donde la mayoría de los exgobernantes colombianos ha sido tachada de corrupta y paramilitar, pero aun así, se mantiene una línea recta de poder en la que este termina haciendo parte de las herencias.
La ironía en la narración de Palacios hace en cierta medida amena la lectura, dejando lugar a un sentido crítico de la misma. El aporte que hace al ámbito académico es importante, y más que señalar las falencias del texto, es de aplaudir cómo este desglosa muchas de las concepciones enredadas y tergiversadas de la violencia colombiana. A su vez, deja la vía abierta para estudios futuros en donde no se enfoquen en la concepción habitual que se tiene de las guerrillas, la cual está marcada por los medios y el Gobierno, sino que se dé una búsqueda y se salde la necesidad de tener más información autocrítica de ellos mismos.


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